domingo, 15 de agosto de 2010

¡Apóstol, tú y ahora!

“Fuego he venido a traer a la tierra y qué quiero, sino que arda”. Este fuego los autores espirituales lo han señalado como el celo que tiene que estar ardiendo dentro de nosotros. Este celo estará ardiendo si estamos convencidos de todos los méritos de de Cristo, pero hay algo muy importante, este convencimiento no debe estar en el plano teórico, sino práctico. Esto es procurar tener un buen trato durante el día con Cristo Eucaristía, con María su madre santa y guardar la presencia del Señor durante todas las horas. Porque de una u otra manera el apostolado que hagamos será fruto de nuestro amor a Cristo.
Tenemos que estar preparados para ser verdaderos apóstoles, debemos de llenarnos de doctrina para poder dar un testimonio digno de Cristo, pero el apostolado no puede quedar sólo en ideas, pues implica dedicación y meter la cabeza en ello.
Que cada uno se examine y vea en qué está fallando o qué le falta en el apostolado.

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