Señor te hemos recibido con ramos y palmas. Nuestras voces se han unido a la de los niños hebreos que aclamaban al Hijo de David con su ¡hosanna! Bendito.Te hemos dicho que te amamos y que queremos seguirte. Pero todo el jubilo en algunos días lo convertiremos en ira y desprecio, nuestras gargantas pasando los días gritaran pidiendo tu muerte.
¿Qué clase de criaturas somos? Es que no sabemos corresponder a tu amor.
Extenderás los brazos en la cruz para ser crucificado, pero antes pasaras por juicios humillantes y mentirosos. Te abofetearan, se burlaran y nosotros consentiremos eso, pues no sabemos pagar con amor todo lo que haces por nosotros.
Nos alimentaste y nos curaste, nos adoctrinaste en la montaña, pero nuestra soberbia nos ciega y nos hemos dejado llevar por chismes y cotorreos. Que despreciables somos Señor, aunque Tú igual nos sigues amando.
Con tu agonía y muerte en el leño santo nos redimirás, pero nosotros seguiremos prostituyéndonos con el pecado pues negamos tu amor.
Señor te pedimos perdón por nuestras blasfemias e iniquidades, ayúdanos a ver bien las cosas y a no apartarnos de ti nuevamente. Ayúdanos a ser verdaderos jóvenes apóstoles al servicio del evangelio de la verdad.
Y pedimos unirnos a ti a los apóstoles junto a María en Pentecostés. Ya que con tu Espíritu lo podremos todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario