sábado, 3 de julio de 2010

San Tarsicio "El santo de la Eucaristía"

Este es un nuevo material que estoy preparando.
Hola querido amigo hace mucho tiempo que no te veo por la Iglesia, quiero que sepas que todos los días te espero en el Sagrario, ahí estoy para escucharte y consolarte.
Muchas veces me he sentido sólo, pues nadie viene a verme y cuando estoy acompañado es porque una viejecita o el padrecito han venido, ellos con sus rosarios y oraciones ya se han ganado el cielo, tú puedes hacer lo mismo, no te pido que vivas en la iglesia, sólo pido tu amor y compañía
Recuerdo cuando te miraba venir, primero los domingos y luego los sábados, con una profunda piedad rezabas con tu catequista, eras muy juguetón y a tus compañeras las molestabas, pero eran cosas de niños.
Me alegre mucho al recibirte en tu primera comunión, estabas vestido de blanco y en tu mano llevabas el rosario, que significaba la protección de mi Madre. A ella le rezabas con mucha piedad y eso me alegraba. Pero algo paso después, no te volví a ver tan seguido, de vez en cuando te dabas una vuelta por la iglesia, pero era cuando había una Misa de difunto y tu mamá te traía.
¿Qué ha pasado hijo mío? Es que ya no me quieres y te has olvidado de mí, o mi amor no te basta ¿Dónde estás?
Ayer te vi por la iglesia, casi no te he reconocido. Has crecido y estás simpático, me has hecho recordar a un adolescente como tú, su nombre fue Tarsicio; él vivió hace mucho tiempo, en el siglo III. Murió mártir por la Eucaristía.
Fueron tiempos difíciles para la Iglesia, pero todo fue preciso para difundir el misterio de mi salvación.
Los cristianos fueron perseguidos y tenían que vivir escondidos en cuevas, grutas e incluso en el desagüe romano, lo que hoy se conoce como “Cloaca Máxima”. Fueron muchos los tormentos que pasaron esos hijos míos, pero hoy vemos los frutos de su sacrificio.
A muchos los degollaron a otros los quemaron, también murieron apedreados y lanzados a las fieras en los circos y anfiteatros romanos. Fue dura la persecución de los paganos.
Tarsicio fue un adolescente que tenía doce años cuando me entrego su vida por amor a causa de los no creyentes. Su nombre proviene del latín Tarsus, que quiere decir: valor. Fue inmenso el valor que tuvo al levantar su pequeña mano cuando su obispo pedía un voluntario para llevar la Eucaristía a los cristianos que se encontraban prisioneros. No fue el único que alzo la mano, también la alzaron adultos y ancianos, pero su Obispo lo eligió a él, pues no dudarían de la tierna figura de un niño. El comenzó a prepararse.
Después de la Santa Misa celebrada en las catacumbas el Obispo depositó en sus frágiles manos el relicario que contenía la Eucaristía, mi cuerpo. Tarsicio muy piadoso se lavo bien las manos y pidió a su madre una túnica limpia, tomo el relicario y salió con dirección a la prisión donde se encontraban sus hermanos en la fe. Por el camino se encontró con unos niños que no creían en mí y le pidieron que jugase con ellos, él no acepto pues me
llevaba, pero ellos insistieron y al ver su negativa se acercaron a él y notaron que apretaba bien las manos sobre su pecho, le preguntaron qué era lo que llevaba ahí, pero él no queriendo “tirar las perlas a los puercos” no respondió. Uno de los niños dijo: seguro es lo que los cristianos llaman Eucaristía, así que intentaron por la fuerza ver lo que llevaba, pero él poniendo resistencia no dejo que le quitasen mi cuerpo, así que lo golpearon hasta dejarlo moribundo.
Mientras lo golpeaban apareció Cuadrado, jefe de un escuadrón romano que se había convertido. Tomo el cuerpo de Tarsicio y lo llevo a las catacumbas, ahí lo entrego a su madre, en ese momento entrego su espíritu con la satisfacción de haber cumplido la voluntad de mi Padre.
Fue enterrado solemnemente por sus hermanos en la fe.

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