A lo largo de la historia se narran acontecimientos y hechos importantes y también salen a la luz historias de hombres valientes que lucharon por el signo de la Cruz, es decir por Jesucristo.
Estos mueren al mundo y se unen a el como la semilla que se une a la tierra y da fruto.
Podemos reconocer aquí aquellos hombres que en una capilla lejana viven su ministerio de entrega al Señor.
Esos hombres que han renunciado al amor humano por un amor divino, el amor de su Dios en quien se confortan.
Ese hombre ha dejado de existir al mundo para sí y existe para los demás, porque su vida está al servicio de los hombres, ya no es el quien vive, sino es Cristo quien vive en él.
Ese hombre que obedeciendo el llamado deja lo bello del mundo, por lo grandioso y hermoso que se le muestra.
Qué sería de la Iglesia sin aquel hombre, qué sería del bienestar espiritual sin aquel hombre o aquellos hombres.
La entrega de aquellos hombres es un martirio sin derramamiento de sangre, ya que es una entrega total, dejándolo todo por amor a todos, muchos de esos hombres pudieron ser grandes empresarios o grandes políticos, pero dispuestos a seguir a Cristo entregaron todo su ser,
Y como no recordar a un Pío de Pietrelcina, a un san Juan Bosco, a un san Josemaría y aun Juan Pablo II grandes hombres que por su entrega total disfrutan de la casa del Padre.
A estos hombres a quienes le debemos ser hijos de Dios, que nos alimentan con el cuerpo de Cristo y con su palabra; son los Sacerdotes.
ESCRITO POR MEA
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